Año Fourvière

Día Fourvière en SJP (23 de septiembre de 2015)

 

 

Los doce seminaristas llegaron al santuario de Fourvière tras una larga peregrinación interior. El camino espiritual se inició en Le Puy, como el de tantos otros romeros que se proponen acudir al sepulcro de los Apóstoles camino de Jerusalén, de Santiago o de Roma. En Le Puy Courveille inicia un camino interior al escuchar una voz “no con los oídos del cuerpo, sino con las del corazón” que le decía: “Lo que deseo es que en estos últimos tiempos de impiedad e incredulidad exista una Sociedad consagrada a mí”. El itinerario interior ha transcurrido por las aulas y patios primero del Seminario mayor de Le Puy y, después por el de Lyon, como consecuencia de la nueva división de las diócesis. Allí encuentra Courveille a Champagnat y otros compañeros. “Éramos unos 12. Hablábamos siempre que podíamos de la Sociedad de María. Eso duró hasta 1816 en que fuimos juntos a Fourvière para consagrarnos a la Santísima Virgen. Yo celebré la santa misa. Todos los demás comulgaron de mis manos, tanto los sacerdotes como los que no lo eran”. Las simientes esparcidas a lo largo de este fecundo camino espiritual germinaron y crecieron en un semillero de inquietudes compartidas y fueron confirmadas con una profesión de fe y una consagración a los pies de María. 

        

Oración del año Fourvière

María,
primera discípula del Señor,
te damos gracias por el grupo de sacerdotes,
Champagnat y Colin entre ellos,
que se consagraron en Fourvière hace 200 años
y se comprometieron a renovar la Iglesia,
inspirados por ti y bajo tu protección.

Gracias por la familia marista,
actualmente extendida por toda la tierra,
heredera de aquel sueño de los primeros maristas
y que desea, hoy como ayer,
ponerse al servicio
de nuestros hermanos y hermanas,
especialmente de quienes viven
en situaciones de mayor vulnerabilidad.

Gracias, de manera especial,
por el carisma recibido
a través de Marcelino Champagnat,
que tantas veces acudió a Fourvière
para confiarte sus proyectos
y abandonarse entre tus manos.

Conscientes de que
Tú siempre lo haces todo entre nosotros,
te damos gracias por tantas generaciones
de hermanos maristas que, en los cinco continentes,
han entregado su vida
en la evangelización de los niños y jóvenes.

Gracias por el crecimiento del laicado marista,
mujeres y hombres llamados por el Espíritu Santo
a vivir su vocación cristiana como maristas,
en comunión con los hermanos,
y compartiendo una misma misión.

Todos nosotros,
maristas de Champagnat,
nos confiamos a ti, buena Madre de Fourvière,
peregrina de la fe,
para que, con audacia y generosidad,
seamos signos de tu ternura y misericordia
entre los Montagne de hoy,
y fieles a nuestra misión
de dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar.
Amén.