ACEPTAMOS “EL RIESGO” DE DECIR “SÍ” A NUESTRA TAREA

Motivación
Cada uno tenemos que aceptar los desafíos. Y no lo olvidemos: existen momentos en la vida en que necesitamos más de la decisión y las ganas, que de la prudencia. La pregunta que se nos hace, es la misma que hizo Jesús: ¿qué buscáis? Y el problema es que, en muchas ocasiones, ni nosotros mismos lo sabemos.
Ciertas decisiones necesitan ser tomadas al calor de la emoción. La decisión de dar el máximo de nuestras capacidades en estos momentos del curso, con lo que exige de estudio, de sacrificio y de capacidad de superación, debemos tomarla “¡¡YA!! No podemos esperar a que venga “un momento mejor”…
Sin embargo, nos estamos acostumbrando a decir: «Hay que tener calma. Tengo que estar preparado para esto» y, muchas veces, no se hace nada…
Hay muchas cosas que pueden planearse, pero no siempre es lo mejor que la vida puede ofrecernos. Muchas oportunidades en nuestra vida, llegan y tenemos que aprovecharlas “aquí y ahora”, porque no pueden esperar. Se trata de tomarlas o dejarlas para siempre. Claro que podemos caer al abismo. Pero, ¿qué?, ¿esta vida no implica riesgos y esfuerzos? ¿Acaso no se nos pide un poco de confianza en los dones que Dios nos ha dado y ponerlos a “funcionar”?
Pedimos a Dios que seamos valientes y aprovechemos la oportunidad de estudios que tenemos.

Juan 1, 35-42
Estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él le dijo: «Venid y lo veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice. «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)». PALABRA DE DIOS

¡¡Nos lo enseña Marcelino!! Un hombre que asume riesgos y compromisos
Marcelino, durante su estancia en el seminario, se unió a una docena de seminaristas que habían tenido la idea de fundar una congregación dedicada a la Virgen: la Sociedad de María. Cuando se reunían en el bosque o en un cuarto del seminario para hablar de estos temas, a Marcelino siempre le rondaba la misma idea por la cabeza, pues no en vano había reconocido la incultura de los pueblos rurales. Marcelino les decía: «Mi primera educación fue equivocada; sería feliz contribuyendo a procurar a otros las ventajas de que fui privado yo mismo. Necesitamos Hermanos para enseñar la doctrina, ayudar a las misiones y dar Clase a los niños». Insistía e insistía; hasta que le dijeron: «¡Está bien! Encárgate tú de ellos».

PADRE NUESTRO...

ORACIÓN

Señor, enséñanos a ayudarnos unos a otros,
a hacer el bien a todo el mundo
y a seguir el camino de la verdad.

Señor,
que cuando me sienta solo
piense en Ti y en mis compañeros
y os sienta muy cerca de mí.
Señor, en el evangelio tú me enseñas
que para seguir tus pasos
debemos asumir el riesgo del trabajo diario,
del esfuerzo decidido,
de la entrega en muchas horas de esas “que no se ven”.

Ayúdame a ser servicial,
en mi responsabilidad de estudio,
a preocuparme por todos y cada uno,
favoreciendo el buen ambiente en clase.

Quiero ser respetuoso
y que me respeten.
Quiero ser comprensivo
con quienes lo pasan mal.
Quiero ser honesto conmigo mismo,
y responder con generosidad
en la tarea que debo realizar.

Ayúdame, Señor, a que mis semillas,
de estudios y de entrega diaria,
junto a las de mis compañeros de clase,
puedan dar muchos frutos
de superación, respeto y crecimiento personal.