ASUMIMOS EL RIESGO DE HACER REALIDAD NUESTROS SUEÑOS

Motivación
Todos tenemos la experiencia de sentirnos muy bien en algún momento. Ese rato en el que nos gustaría que no pasara el tiempo, permanecer como en un sueño, disfrutando de otras personas, de la conversación...Luego, cuando lo contamos, no sabemos expresar todo lo que hemos disfrutado, pero quien nos escucha siente que algo importante nos ha ocurrido.
Esa es la experiencia de algunos de los discípulos con Jesús. Fueron capaces de percibir la felicidad que se siente al estar «tocados por Dios». En el fondo, a los discípulos de Jesús les ocurrió algo que nosotros conocemos: en la medida que iban haciendo realidad sus sueños y se daban cuenta de la fuerza que sentían en su interior, eran capaces de superar las dificultades y encontrar respuestas a tantas preguntas que surgían.
Siempre que dedicamos nuestro tiempo a hacer realidad nuestros sueños, a trabajar y compartir con los demás es el mejor modo de seguir avanzando.
Hoy pedimos a Dios que nos dé su fuerza para compartir lo mejor que somos y tenemos con los demás. Ese es el espíritu que nos hace diferentes. La capacidad de dedicar de forma gratuita el tiempo a los otros por el inmenso gozo de ver una sonrisa en el que estaba triste, una luz de esperanza en el que estaba decaído, la ilusión de quien aprende junto a nosotros y la felicidad de quien estaba solo y ahora comparte nuestra compañía.

Santiago 2, 14-17
Queridos hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y les falta el alimento cotidiano, y uno de vosotros le dice: «Id en paz, calentaos y saciaos», pero no les da lo necesario para su vida, ¿de qué sirve? Así también la fe: si no tiene obras, está muerta en sí misma… Por esto, también se puede decir: «Tú tienes fe, yo tengo obras; muéstrame tu fe sin las obras, que yo por las obras te haré ver mi fe» Palabra de Dios

¡¡Nos lo enseña Marcelino!! Compartir en las cosas sencillas de cada día…
El hermano Lorenzo hablaba con Marcelino de las dificultades que encontraba para que en los colegios todo funcionara bien… Las personas eran buenas, pero algo estaba fallando… Marcelino le explicó que son necesarias algunas pequeñas virtudes y que era cuestión de practicarlas cada día: el perdón, porque el amor perdona todo y, sin perdón, crece la distancia entre las personas; la comprensión hacia el que es distinto de mí, porque tiene sus motivos para hacer lo que hace y debo creer en él; la simpatía, es decir, saber captar las preocupaciones de los demás, estar a su lado en los momentos difíciles, compartir las tristezas y los gozos, no envidiar; la alegría, porque una cara sonriente debe ser signo de que todo va bien “por dentro”; el diálogo, que supone saber escuchar, saber comprender lo que la otra persona me dice; el respeto, porque tu hermano es hijo de Dios, es ser humano como tú, ¡y sus valores son tan grandes...!; la paciencia, porque Dios tiene un tiempo para las cosas y las personas distinto del nuestro, todo llega, pero hay que conseguir las metas con paz; interés por el bien común, y dejar de pensar sólo en mí, en mis intereses, en mis preocupaciones, en mi tiempo y en mi mundo…

PADRE NUESTRO (todos juntos)
 

ORACIÓN

Padre nuestro, que quieres ser nuestro amigo.
Danos fuerzas para ayudar
a los que nos necesitan.
Ayúdanos a hacer el bien.

Danos fuerza para amar a todos.
Danos también el trabajo en los estudios.
Ayúdanos a saber compartir nuestra vida,
cuanto somos, sentimos y vivimos.
Perdónanos por las cosas malas
que hemos hecho,
así como nosotros debemos perdonar
a los que nos hacen daño.

Enséñanos a seguir el camino de Jesús,
a no ser egoístas,
a vivir las virtudes que Marcelino nos enseña.
No nos dejes salir del camino del bien.