Con Marcelino, un santo que nos enseña a llegar a Dios

Motivación
Lo hemos escuchado muchas veces a lo largo de este curso: hace 200 años, Marcelino comenzó la aventura de fundar la Congregación de los Hermanos Maristas y, en este momento de la historia, nos toca a nosotros seguir haciendo realidad su sueño. ¿Cómo saber cuál es nuestro camino en la vida? ¿Cómo es posible acertar en la vocación que Dios nos regala a cada uno? Marcelino supo hacer silencio, escuchar a Dios en lo más profundo de su corazón y, algo muy importante, fue capaz de estar con los ojos abiertos para ver e interpretar, del modo adecuado, lo que Dios le decía; y escuchó a Dios en el encuentro con el joven Montagne; se comprometió en el santuario de la Virgen de Fourvière; no tuvo miedo en iniciar la primera comunidad de Hermanos en La Vallà para que se hiciera realidad el sueño de Dios en su vida.
Es lo que hizo Marcelino y ahora nos toca a cada uno de nosotros.
Y porque Marcelino escuchó a Dios e hizo realidad aquél sueño, podemos celebrar el próximo martes su fiesta: apostó por un proyecto de vida que le hizo feliz y que, como consecuencia, hizo posible que muchas personas encontraran el sentido profundo de su vida. Vamos a pedirle a Dios luz y acierto: que no tengamos miedo a aceptar la responsabilidad, única y maravillosa, de vivir la aventura de ser felices.

Mateo 7, 7-11
Dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden. »
Palabra de Dios

¡¡Nos lo dice San Marcelino!!
El lema que impulsó toda su obra fue:
“Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”.
 
Frecuentemente les decía a los miembros de su comunidad:
“Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños la preciosa devoción a María, habéis asegurado su salvación”.

“Si María se muestra llena de bondad con todos los hombres, ¿Cuánto más atenta y generosa se mostrará con los que, además de serle devotos y servirla con amor, son apóstoles de su amor y de su culto entre los demás?".

“Aunque toda la tierra se pusiera contra nosotros, nada hemos de temer si la Madre de Dios está con nosotros”.

“Nada quiere María para sí: cuando la servimos, cuando nos consagramos a ella, nos acoge para entregarnos a Jesús, y para llenarnos de Jesús”.

“Ya sabéis a quien debemos dirigirnos para conseguir cuanto necesitamos, a María, nuestro Recurso Ordinario”.

“No temáis ser inoportunos acudiendo a María en todo momento, porque no tiene límite su poder y es inagotable su bondad”.

“Si todas las gracias pasan por María, y si para lograr la salvación es necesaria su intercesión, hemos de concluir que la salvación de todos los hombres va adscrita a la devoción a la Virgen y a la confianza ilimitada en su protección”.
 
Estos fueron los últimos deseos de Marcelino Champagnat antes de morir:
“Que la humildad y la sencillez sean siempre el carácter distintivo de los Hermanos Maristas, y que una tierna y filial devoción a nuestra buena Madre les anime en todo tiempo y circunstancia. Hacerla amar por todos los sitios dónde estéis cuanto os sea posible. Ella es la Primera Superiora... ¡Qué feliz me siento al morir en la Sociedad de María!”

 

ORACIÓN (todos juntos)
Señor Jesús, siguiendo el modelo de Marcelino:
te entrego mi vida, hazla fecunda.

Toma mi voluntad; que sea la tuya.
Toma mis manos; hazlas acogedoras.
Toma mi corazón; hazlo tuyo.
Toma mis horas grises; hazlas novedad.

Toma mis cansancios; hazlos tuyos.
Toma mi pobreza; hazla tu riqueza.
Toma mis mentiras; hazlas verdad.
Toma mi familia; hazla tuya.

Toma mis amigos; hazlos tuyos.
Toma mis errores; perdónalos.
Toma mis desilusiones, mis dudas, mis miedos.

Y, como a San Marcelino,
hazme nuevo en la entrega,
con gozo desbordante hasta dar la vida
y feliz por gastarla al servicio de los demás.