El día de todos los santos

Hay ocasiones en las que las modas superficiales y pasajeras logran desvirtuar el verdadero sentido de ciertas festividades. Eso ocurre con la fiesta de todos los santos que celebramos la semana que viene. Se trata de compartir...

la fe que nos enseña nuestra Madre la Iglesia y que todos vivamos en comunión con la tierra y con el cielo, para alcanzar la santidad y llegar a la vida eterna. Entre los cristianos, el día 1 celebramos a todos los santos de nuestro santoral, a todos los nombres que quizá pasan desapercibidos día a día y que ya han sido beatificados o canonizados en un momento de la historia.

Al día siguiente, el 2 de noviembre, la conmemoración corresponde a los fieles difuntos, es decir, a todos nuestros seres queridos que ya han finalizado su paso por este mundo: sin un reconocimiento oficial eclesiástico tenemos la convicción de que están con el Padre en la vida eterna. De ahí la costumbre de visitar los cementerios estos días... llevar flores... comer "buñuelos" y "huesos de santos"... o incluso "castañas asadas" si el tiempo lo permite.

Desde hace algunos años diversas diócesis, parroquias y comunidades católicas en distintas partes del mundo se han propuesto recuperar el 31 de octubre como la Víspera de Todos los Santos. Así nació la celebración de “Holywins” (la santidad vence), para festejar con niños y jóvenes el llamado universal a la santidad. Por ello cada vez son más las diócesis que se suman a la celebración de Holywins para transmitir un mismo mensaje: la vida es hermosa y su meta es el Cielo, son muchos los que ya han llegado y todos estamos llamados a compartir su felicidad, pues todos podemos ser santos.

No podemos olvidar tampoco la literaria costumbre de asistir a alguna representación del Tenorio... o de leer algunos de sus inmortales versos... sabiendo que esta noche de difuntos el espíritu de don Juan, arrepentido de sus atrocidades, recorre los cementerios en busca de su amada, doña Inés. Por último, también recomendamos a otro romántico, a Larra, que escribió este artículo en 1836 sobre el día de los difuntos.