Maristas San José del Parque
ORACIÓN 31 MARZO 2020

SEMANA SANTA: MISTERIO DE AMOR Y SALVACIÓN 

 

MOTIVACIÓN

Seguimos en esta situación especial de “quedarnos en casa”. Dicen los mayores que nunca habían imaginado una situación similar a esta. Lo que siempre habían sido unos días de vivir la fe en las iglesias y en las calles, ahora nos toca hacerlo desde casa. En el colegio nos han explicado el significado profundo de estos días… Ahora, sí, ¡¡AHORA!!, vamos a recordar todo lo que significa esta Semana, y lo vamos a realizar hecho oración.
El próximo domingo es el último de Cuaresma. La siguiente semana celebramos los acontecimientos centrales de nuestra fe. Recordamos el significado de estos días.
El Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Aclamaciones y vítores, para, sólo unos días después, dejarlo de lado y llevarlo hasta la cruz.
El Jueves Santo es uno de los días más significativos del año cristiano, porque el mismo Jesús vive unos momentos intensos: manifiesta su amor y en la Eucaristía –pan y vino- nos deja signos visibles de su entrega, para que también nosotros podamos compartir la Palabra, la mesa y la vida.
El Viernes Santo es el día del Vía Crucis, del camino hasta el Gólgota y la entrega en la cruz. No hay una lógica en este aparente final: sólo el amor hace posible “entender” el sentido de este día.
La noche del Sábado Santo es la fiesta de la Vida: ni el dolor, ni el sufrimiento, ni la misma muerte tienen la última palabra en la existencia humana. La Resurrección de Jesucristo nos ofrece una esperanza eterna a toda la humanidad. Rezamos para que, a pesar de estar “en casa”, vivamos con sentido cristiano esta Semana Santa.

2 Tim 4, 6- 8
Queridos amigos, yo ya estoy a punto de llegar al final de mi vida y el momento de mi partida es inminente. He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he guardado la fe. Sólo me queda, ahora, recibir la corona de salvación que aquel día me dará el Señor, Padre justo, y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida gloriosa. PALABRA DE DIOS

ENTRE EL DOLOR Y LA ESPERANZA. Testimonio de un médico de familia en el hospital de IFEMA

Miradas.

Hace semanas que solo veo a mis compañeros a través de gafas y mascarillas. Solo veo sus miradas. Sus ojos transmiten abnegación, esfuerzo, cansancio, enfado a ratos, alegría con cada pequeño logro…. Sus ojos son los espejos del alma.

Hoy será mi cuarto día en Ifema, el hospital más mediático en estos días: un mar de camas que parecen barcas salvando a pacientes intentando que no naufraguen. El pabellón también está lleno de miradas enmarcadas dentro de un buzo, dos mascarillas y un casco de plástico que te aprieta la cabeza durante unas horas.

Llegar el primer día sobrecoge.
He venido en mi coche, pongo música y procuro cantar. Voy cargando el espíritu y el móvil.

Te enfundan en el EPI con letras chinas o coreanas, vaya usted a saber, esos benditos compañeros de protección civil . No te dejan pasar hasta que no se han asegurado que han cerrado hasta el ultimo resquicio de tu escudo protector. Sus miradas… llenas de cariño, siempre palabras de ánimo y apoyo. Al terminar te devuelven tu fonendo y te dicen: adelante! Cuídate! Te esperamos a la salida.

Llegas a tu control. Ya no es el caos del primer día. Hemos procurado crear un equipo de compañeros que no nos conocíamos, porque sabemos que esa continuidad asistencial también es clave. Sus miradas te dicen: qué necesitas, en qué te ayudo. El segundo día ya trabajábamos como una máquina bien engrasada.
No conocemos por las miradas. A los compañeros del turno previo les conozco por la letra. Sus notas en cada turno son el cordón que nos unen a todos.

Sales a tu mar particular de camas-barco, rezando para que la cama vacía sea un alta. En mi control tenemos suerte. Ni un naufragio. Las camas sin nombre son personas recuperadas que se van entre aplausos.
Mirad, cuando cada uno de ellos se marcha, todo el pabellón se cae de aplausos. Es la forma que hemos encontrado para mantener el ánimo y devolver esos aplausos que cada día a las ocho de la tarde hay en las calles.

Revisas a tus pacientes. Sus miradas, a través de sus mascarillas quirúrgicas, con gafas nasales o con ventimask, nos enseñan serenidad, dignidad, humanidad. Nos hacen fácil el trabajo. Nos hacen entrañable el tiempo que pasamos allí.
Adoro a cada uno de ellos. Me despierto pensando en cómo estarán. Nos está pasando a todos. Mayores, jóvenes, cada uno con su vida a la espalda. Con familias angustiadas con las que procuramos hablar si ellos no pueden.

Entre ellos Juan Pablo. Tiene noventa años y va aguantando con el Covid como un legionario de la mejor cepa. Me habla de sus hijos y especialmente de sus nietos. He hablado con una de ellas por teléfono. Rezo por el día en que pueda ir a visitarle a su pueblo de Guadalajara y que me de las nueces que me promete cada tarde y nos riamos del recuerdo de estos días y me enseñe su pueblo.

Al salir, después de despedirnos agradecidos de los compañeros de protección civil, que me dejan el fonendo reluciente y desinfectado, revisamos nuestros móviles: familia que se recupera en casa, amigos que te apoyan, te consultan, pacientes que necesitan contarte algo, compañeros de promoción que te mandan fortaleza, amigos que contrastamos nuestras incertidumbres… mi madre que me da su particular parte diario del aislamiento que lleva como una campeona. Mi tía, allá en Málaga con la que cada noche me echo unas risas con la cuestión de las galletitas… Leo, mi AMIGA, cada día conmigo cuando ambas volvemos a casa, con nuestros manos libres en el coche…

Hoy vamos a por el cuarto día de Ifema del miniequipo de mi control. Largo se me hace el tiempo hasta que llego y corto el que paso dentro.

Fuera, es primavera. El jardín está brotando con una fuerza asombrosa y cada día más horas de luz.
 

PETICIONES

Repetimos todos: Te damos gracias, Señor.
- Porque nos has enseñado a amar…
- Porque en medio de las tinieblas, nos encontramos con tu luz…
- Porque tus palabras de vida, animan nuestra entrega diaria…
- Porque te has quedado con nosotros en la Eucaristía…
- Porque en nuestra debilidad encontramos fuerzas para seguir adelante…
- Porque podemos compartir tu pasión en tantos momentos difíciles que vivimos…
- Porque nos contagias tu Resurrección…

PADRE NUESTRO


ORACIÓN

Gracias, Señor, por todo lo que me das.
Gracias por estos días
en los que estamos aprendiendo
“otra forma” de hacer y vivir.

Gracias por las penas y las alegrías.
Gracias por la oportunidad de ayudar desde casa
para que pase cuanto antes esta pandemia.

Gracias por el trabajo incansable y generoso
de tantas personas que están dando lo mejor de sus vidas
para el bien de los demás.
Gracias por la existencia de tantas personas buenas.

Gracias por la soledad, por el trabajo en nuestra habitación,
por las inquietudes y las lágrimas.
Gracias por todo lo que me acerca a Ti.
Gracias por haberme conservado la vida.
¿Qué me darás, Señor, en esta Semana Santa tan “curiosa y especial”?

Te pido ESPERANZA para no desfallecer,
y CARIDAD, para amarte cada día más
y para hacerme amar de los que me rodean.
Dame PACIENCIA Y HUMILDAD,
desprendimiento y generosidad.
Dame, Señor, lo que tú sabes
que me conviene y no sé pedir.

Que tenga el corazón abierto,
el oído atento y las manos activas.
Derrama, Señor, tu BENDICIÓN
sobre todos los que formamos el colegio,
sobre nuestras familias
y concede tu PAZ Y SALUD al mundo.

  

https://youtu.be/g7g-UCpOAtg