Maristas San José del Parque
San Marcelino

Motivación

Los Maristas de Champagnat nos inspiramos en María, en sus actitudes. Nos sabemos portadores de su nombre. Miramos su corazón libre y lleno del calor del Padre Dios. Admiramos su osadía para ir al encuentro del necesitado o acudir a Jesús para que realizara su primer milagro... Contemplamos su capacidad de estar en pie, junto a la cruz, resistiendo lo irresistible, soportando el dolor en medio de la burla y la injusticia.

De María aprendemos a ser faro de esperanzapara nuestros días, no sólo de manera personal sino sobre todo comunitaria.

Ella se abrió a la acción del Espíritu y nos dio a Jesús, luz del mundo. En Nazaret formó un hogar de luz y nosotros queremos hacer de nuestras comunidades y familias hogares de luz. Después de la resurrección, Ella fue presencia cercana y discreta entre los apóstoles. En Pentecostés, recibieron juntos la luz y la fuerza del Espíritu para vencer el miedo y salir a anunciar.

Y aprendemos de Ella, sobre todo, su ser de madre, donde nos descubrimos hijos abrigados bajo un mismo manto, capaces de llorar, con Ella y como Ella, por la pena y el dolor de cada hermano o hermana. Así, inspirados en tan buena madre, podremos ser presencia tierna y misericordiosa en medio de quienes más lo necesitan.

¡Vivamos según el corazón de María! Ese es el gran regalo que nos ha dejado Champagnat. 

Oración a San Marcelino

San Marcelino,
que a lo largo de tu vida
fuiste un hombre fiel a tus raíces,
a tu tierra,
a tu familia,
a la sociedad
ayúdanos a convertirnos en personas útiles
a nuestra tierra y a nuestra gente.

Ilumina con tu ejemplo
nuestra sensibilidad y respuesta.

Que, como tú,
descubramos lo que nuestros familiares,
los miembros de nuestra comunidad,
nuestros vecinos y amigos desean y necesitan.

Ayúdanos a ser decididos,
generosos en la entrega
y profundos en imaginación,
para bien de nuestro pueblo,
en fidelidad al Evangelio de Jesús.

San Marcelino, que como tú,
sepamos ser universales en el afán
y concretos en el servicio.

Amén

Final: oración a María

Acordaos, oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos.

Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Virgen, Madre de la vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia Soberana, no desechéis oh purísima Madre de Dios mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas favorablemente.

Así sea.