Verano solidario en Guatemala

Este verano varios profesores de SJP están viviendo experiencias de solidaridad por todo el mundo. Esta vez es Pedro quien nos envía su crónica desde Guatemala: Aprovechando la oportunidad que ofrece SED, este verano estoy disfrutando la gran experiencia de viajar como voluntario...

para apoyar, trabajar y ayudar en otro país y a otra gente, donde se necesita y donde puedo aportar mis conocimientos y mis ganas de ayudar. Por fin, después de varios años en los que al final, por unas cosas u otras, este sueño no se podía cumplir, este verano sí, he podido embarcarme en esta experiencia.


 Antes de llegar aquí tenía muchísimas ideas de lo que podría hacer, pero lo que nunca imaginé es todo lo que iba a aprender de toda la gente con la que estoy conociendo aquí. Desde los hermanos Maristas que trabajan aquí y sacan adelante las escuelas y todos los proyectos que se organizan en el país para apoyar a los “patojos” (niños y niñas) y a sus familias para que puedan seguir estudiando, hasta los profesores de los colegios y escuelitas más pequeñas y pobres, y los chicos y chicas, con las ganas que tienen de estudiar y salir adelante. Los profesores, con la alegría que transmiten y cómo motivan a sus alumnos. Y los alumnos, con las ganas de estudiar y aprovechar la oportunidad que se les ofrece.

 Lo primero que llama la atención nada más llegar a Guatemala es la sencillez de la gente, así como el trato que tienen, desviviéndose para ayudarte y para que no te falte de nada. Siempre con una sonrisa en la cara.

 Chichicatenango es una pequeña pero bulliciosa ciudad en la región de Kiché, siempre con gente en sus calles y con su impresionante mercado en la plaza de la iglesia. Los domingos es una visita obligada sumergirse en él, famoso en todo el país, perderse por sus incontables puestos de artesanía local, productos hechos con sus propias manos y esfuerzo; disfrutar del ambiente de trabajo y colaboración familiar que estas humildes gentes forjan.

 Aquí, los Maristas han llevado a cabo un gran proyecto educativo y personal, junto con la aportación de personas solidarias, que es el ITECK, el Instituto Tecnológico del Kiché. En él estudian más de 300 alumnos y alumnas venidos desde diferentes puntos de la región e incluso alguno de más lejos. Se ofrecen las ramas de Mecánica, Administración de empresas y Electrónica. Salidas profesionales necesarias para el desarrollo de la región y en las cuales los alumnos y alumnas encuentran una gran base por y para estudiar y desarrollar. Dispone de un internado en el cual los chicos, gracias a las becas otorgadas por SED sin las cuales no tendrían acceso a la educación dada la situación del país y de sus familias, pueden residir, concentrarse, estudiar para buscar, como ellos dicen “un futuro mejor para mí y mi familia”.

 La verdad…, entristece ver que estas grandes personas son una minoría, que cualquier “patojo” no posee la facilidad de acceder a estos servicios debido a la dificultad y esfuerzo económico que supone para las familias, a que el absentismo escolar es frecuente dada la necesidad que hay en las familias… Pero esa tristeza queda obnubilada por la motivación de los alumnos y alumnas, por el gran aprovechamiento que poseen de las pocas oportunidades que les da la vida, por las tan envidiables ganas de estudiar que tienen y, sobre todo, por el RESPETO, TOLERANCIA y GRATITUD que muestran y hacen elogio a su gran educación. Educación que tienen no sólo hacia sus profesores y personal del instituto, sino a cualquier persona que se les acerque, no les falta un “buenos días,…”, un “gracias por todo” gestos que no se encuentran solamente en su vocabulario, sino también en sus ojos y sonrisa, los cuales te sumergen en un pensamiento de “tengo que hacer más, es poco todo lo que hago”.

Todos cuidan de las instalaciones y se preocupan de que todo esté limpio y ordenado e incluso los alumnos del último curso de Mecánica hacen algún arreglo de los desperfectos (lijando y soldando alguna puerta en mal estado) o limpiando los patios y ayudando a cuidar la “milpa” (huerta). Cuando termina la última clase de la tarde, a las 16'30h, tienen todos sus turnos asignados y limpian sus clases para el día siguiente. El trabajo colaborativo que poseen y tienen asimilado es mostrado continuamente.

Cada jueves, un curso realiza lo que se llama “experiencia solidaria”. Se trata de una visita que los alumnos realizan a una escuela de las aldeas cercanas a Chichicatenango y donde se ve la realidad que tienen muchas “escuelitas” para poder estudiar. Estas escuelas son realmente pobres y en ellas se imparten los cursos de 1º a 6º de Primaria (hasta los 12 años, aproximadamente). En estas escuelas llama la atención la precariedad de las aulas, algunas de ella sin electricidad y construidas con adobe, y que se encuentran en zonas de difícil acceso, al cual tienen que asistir los alumnos caminando largas distancias por caminos de tierra y barro, siempre que no han tenido que dejar sus estudios por ayudar en casa. En estas escuelas lo normal es que un profesor o profesora imparta las clases a alumnos de distintos cursos a la vez, en el mismo aula. Aquí se hace notar más aún el respeto y las ganas de aprender de los niños y niñas, cuidándose y apoyándose unos a otros. Éso sí, siempre sin perder la sonrisa.

En la “experiencia solidaria”, los alumnos del ITECK fomentan el desarrollo educativo de los más pequeños, la formación en caores, así como están en contacto con las situaciones y dificultades que tienen en su día a día otros núcleos de su entorno. Si bien es cierto, que la mayoría de los alumnos del ITECK igualmente sufren de precariedad y dificultades, por ello, pasan el día con los niños y niñas de estas escuelas, realizando juegos para ellos, haciéndoles reír y pasar un día divertido; les colocan unas piñatas con las que los niños y niñas disfrutan como lo que son y tienen que ser, niños; y al final de la jornada les regalan un pequeño juguete. Es inimaginable, inexpresable, in…. la sensibilidad que estos alumnos y alumnas tienen con los más necesitados.
Mi trabajo aquí consiste en apoyar a los profesores con algunas clases, impartir algunas clases de Matemáticas a los alumnos de 5º y 6º (estos cursos son como los cursos de 1º y 2º de Bachillerato, aunque el nivel es bastante más bajo) y hacer clases de refuerzo a quien lo quiera (bueno… todos lo quieren), no lo dicen por no saturar a los demás pero lo quieren; no sólo el mío sino el de cualquiera. Además, intercambio conocimientos de SQL con otros profesores, todo ello forjándose en un ambiente cálido y de gratitud, en un ambiente de puro compañerismo. Por otra parte, estoy realizando los planos de algunas partes del instituto, así como el diseño y cálculo de estructuras que se necesita construir para mejorar las instalaciones. Aquí hay mucho trabajo aún por hacer, trabajo necesario de realizar por todos nosotros dada la escasez de recursos.

En estos días he podido realmente darme cuenta de la terrible situación que muchos niños. niñas y jóvenes tienen en Guatemala (y en muchos otros sitios igualmente). Lo difícil que se les presenta la vida para salir también de esa situación. Y es que, como nos cuentan sus profesores, muy pocos de estos niños, niñas y jóvenes siguen o pueden seguir estudiando. Por diferentes motivos, económicos, políticos, culturales, familiares, sociales… La gran mayoría de las familias no pueden permitirse el gasto económico de que sus hijos sigan estudiando. Se ven en la obligación de tener que sacar a sus hijos y sobre todo hijas de la escuela para que ayuden y colaboren con el mantenimiento del hogar, de tener que obligar a sus hijos e hijas a dejar de ser niños o adolescentes para así salir adelante. Todo ello lleva a un pensamiento que te duele hasta llorar, y es que sabes que esos niños, niñas y jóvenes, si no siguen estudiando, no van a salir jamás de esa situación, de esa aldea, de esa pobreza. Y veo ahí esos “patojitos” jugando en el patio de esa escuelita, olvidándose de su día a día, con los ojos de par en par mirando la piñata, disfrutando, y con una sonrisa que no les cabe en la cara cuando reciben una pequeña muñeca y no puedo evitar emocionarme.

Es aquí donde te das cuenta de la labor que SED realiza, pues es a estos niños y niñas a donde van también muchas becas, para ayudarles económicamente, motivar que sigan estudiando, favorecer a los niños y niñas y a sus familias en un desarrollo que los saque de la marginación.
En todas estas visitas, he tenido también la oportunidad de hablar con el hermano Antonio, responsable de SED y con el que estoy compartiendo este viaje, mientras me pone al corriente de todas estas situaciones y me explica todo lo que sucede por aquí, dada su experiencia en participación en CTMs y su conocimiento de como se ha desarrollado todo esto. De esta manera veo y comprendo con alegría que las becas que se da a estos niños y niñas sirven, sirven y mucho, para que esta situación poco a poco vaya mejorando para algunos de ellos. Veo y comprendo, acercándome a su realidad, cómo las familias reciben, en mano, con infinita gratitud ese dinero que puede realmente salvar la vida de sus hijos, y veo, escucho y comprendo mediante las entrevistas que el hermano Antonio hace a los alumnos y alumnas becados del ITECK, cómo se agradece el apoyo y ayuda que reciben. Ahora de nosotros depende que podamos participar, trabajar, apoyar, aportar, colaborar…

De todas las experiencias que estoy viviendo en estos días me quedo, sobre todo, con la frase que decía uno de los becados sobre las experiencias solidarias que ellos realizan. Decía:

“por poco que uno tenga, siempre se puede ofrecer algo a alguien que está más necesitado que tú”.

Sé que estoy disfrutando una de las mayores experiencias de mi vida y tengo muy claro que voy a volver.